”Unos arqueólogos…”
Así empiezan algunos artículos de medios generalistas en la red de redes. Y luego describen algo que parece espectacular. En este caso también es así. Y la verdad es que se parece mucho a ese juego digital de pon algo en el buscador de la red y que rellene lo que falta el texto predictivo.
Esos desconocidos arqueólogos, de los que el cuerpo de la fascinante noticia obvia, han encontrado recipientes que contienen miles de monedas de época romana en una excavación en Francia. Lo que en el argot se conoce como “tesoro” o “tesorillo”. En el imaginario popular se convierte inmediatamente en la fortuna del suertudo que estaba picando y las monedas se transforman en yates y Rolls Royce.

En Francia, estas evaluaciones están lideradas por el Estado, en un modelo de protección del Legado arqueológico que tiene poco que ver con como actuamos en la piel de toro. Es la autoridad estatal la que gestiona esos bienes y defiende a sus trabajadores -sin que eso implique que tengan demandas sociales que se pelean en huelgas, por ejemplo-.
Así que “Esos arqueólogos” son profesionales pagados por el Estado, que tiene unos 4.000 de estas personas en nómina. Que, además, tienen una altísima cualificación y diferentes grados de especialización que aquí nos parecen increíbles. Y, además, por si luego hay que hacer más cosas, Francia cuenta con una red de empresas dedicadas a la Arqueología en que las que se califican de “pequeñas” tienen 60 trabajadoras y trabajadores, y las que se consideran normales/grandes, pasan de 300 personas en plantilla. Por cierto, otro “detallito” tonto: “os”. Porque probablemente las chicas no puedan jugar a esto de los descubrimientos fantabulosos.
La noticia olvida algunas cuestiones básicas. Lo primero de todo es que no se menciona el contexto de la actuación arqueológica. Como algo parece que sabemos de esto, sospechamos que este hallazgo se ha producido en el transcurso de una operación de valoración del patrimonio arqueológico: no se menciona ninguna universidad, ni campo de trabajo, ni nada por el estilo. Esto suele querer decir que, lejos del glamour que parece que tiene estar relacionado con una institución científica al uso, la operación la están haciendo profesionales de la Arqueología.
Revisa uno esas mismas redes y se da cuenta -porque es del oficio, y sabe lo que hay que ver- que la actuación la está desarrollando el INRAP, el organismo estatal francés que lleva las operaciones de evaluación arqueológica dentro y fuera del Hexágono.
Y otra cosa que se obvia en el texto es que este hallazgo se difundió a partir de noviembre de 2025. Y así lo podemos ver en la web de este organismo como en su canal de Youtube.
Vamos, que quién está en la redacción de estos digitales se estaba aburriendo -hay menos noticias en verano- y recurrió a un clásico del periodo estival: la chavalería en pantalón corto sacando tierra en medio de la nada. Hay que cobrar a fin de mes, y si pagan por pieza escrita, con más razón -nada que objetar a que tu trabajo tenga un sueldo-.
Efectivamente, lo que motiva este pequeño texto es que uno es susceptible. Y ve con disgusto que se minimice el papel de las personas que tenemos como profesión la Arqueología. Los artículos -copia infinita unos de otros- no valoran ni a las profesionales, ni el contexto sociolaboral y científico en el que se producen estos hallazgos; siempre se va al titular fácil buscando, como no, atraer y subir el número de clicks.

